29 de enero de 2026
Redwood City. Susan Takalo llegó unos minutos antes de las 5 a. m., mientras la luna, en fase gibosa creciente, parecía sumergirse en el océano Pacífico.
En Ted Adcock Community Center de Half Moon Bay, le dieron su tarea: localizar a personas sin hogar durante el Censo de Un Día del jueves, una encuesta que se realiza cada dos años para ubicar y registrar a las personas sin vivienda estable. Aún faltaban dos horas para el amanecer.
“Son nuestros vecinos”, dijo Takalo. “Muchos trabajan. Muchos tienen hijos. Hay tanta gente que está a solo un sueldo de quedarse sin hogar”.
Takalo, recientemente jubilada de Second Harvest of Silicon Valley, fue una de los cientos de voluntarios que se desplegaron desde Daly City hasta Menlo Park, desde las playas costeras hasta San Francisco Bay, asignados en equipos a rutas específicas para recorrer a pie o en auto.
El objetivo era simple pero difícil: localizar, registrar y censar a las personas que a menudo no quieren que se las vea, ya sea durmiendo al aire libre o en un vehículo.
Takalo se reunió con Fernando Gómez, de la Agencia de Servicios Humanos del condado, responsable de organizar el censo. Revisaron su ruta y se dirigieron a Kelly Avenue, hacia los vecindarios al norte del centro de Half Moon Bay, y luego subieron y siguieron por Frenchman’s Creek.
Colleen Granahan, residente desde hace mucho tiempo en El Granada y gerente de Coastside Farmers Market, dijo que participar era algo personal para ella.
“Dentro de la comunidad sin hogar hay personas con las que crecí aquí. No son solo desconocidos. Son personas de nuestra comunidad”, comentó Granahan. “Creo que es importante asegurarse de tenerlos a todos en cuenta”.
Pronto se dirigiría hacia la zona de Purísima, al sur del centro de Half Moon Bay, una región densamente arbolada. “Todos somos humanos”, declaró.
El trabajo fue muy significativo para Granahan y muchos otros voluntarios. Un estudio estatal realizado por la Iniciativa Benioff sobre las personas sin hogar y las viviendas de University of California San Francisco (UCSF) reveló que la mayoría de las personas que viven en la calle en California se encontraban en el mismo condado donde tuvieron su último hogar.
En la colina de San Bruno, Karen Moore subió por un empinado sendero entre los carriles elevados en dirección este y oeste de la Interestatal 380. En la cima, encontró un campamento escondido junto a un frío muro de la autopista. El rocío de la mañana empapó sus zapatos. Unos minutos antes, Moore había registrado el hallazgo de una persona durmiendo en el cemento debajo de un paso elevado del Caltrain.
¿Cómo ve ella esta situación?
“Veo lucha”.
Moore vivió en primera persona la experiencia de no tener hogar: una vez al huir de la violencia doméstica y otra tras un divorcio conflictivo. Ahora trabaja para LifeMoves, una organización sin fines de lucro que brinda refugio y servicios de apoyo, y se ofreció como voluntaria para el censo.
“Salgo y sonrío; intento hacer sonreír a los demás”, afirmó. “Intento hacerles saber que no están solos. Podemos hacerlo juntos”.
Hizo una pausa. “Estamos a un sueldo de estar en su situación, y ellos están a un sueldo de estar en la nuestra”, compartió. “Eso es todo lo que nos separa”.
Un poco más adelante, Jennifer Goins apartó una sección de la valla metálica donde un estrecho sendero atravesaba la hierba y la maleza. Era la segunda vez que participaba como voluntaria en el Censo de Un Día.
Goins también fue una persona sin hogar y trabaja para LifeMoves. “Tenía una vida muy estable antes de quedarme sin hogar”, indicó. “Tenía mi propio negocio. Tenía casas y autos. Era madre de dos hijos, pero sucedieron algunas cosas en mi vida y, a los 42 o 43 años, me encontré sin nada y en la calle”.
Comentó que el censo requiere aprender a observar, no solo a las personas, sino también las señales que indiquen dónde podrían estar albergándose.
“Si abres los ojos, encontrarás lo que buscas”, afirmó Goins. “Está en todas partes”.
Para algunos, el censo supuso una nueva perspectiva.
“Era la primera vez que censaba y solo quería ver por mí mismo lo que estaba pasando en mi vecindario”, dijo Yang Gao, residente de Daly City, tras el censo. “Fue una experiencia realmente reveladora y, la verdad, muy significativa”.
“Me llevó a ver que las condiciones mejoraron con los años, pero también me recordó por qué es importante que los miembros de la comunidad sigan participando. Estar aquí te ayuda a comprender mejor el problema, y me gustaría hacer que otros participen como voluntarios”.